
El Stambrok en el puerto de Orán. Abril de 1939. partió de Alicante, el 28 de abril, hundida su linea de flotación, con más de 2600 pasajeros. Su capitán, el británico Dickinsón, arriesgó su vida por conducirles al exilio.
El puerto de Alicante,
La última esperanza rota
Publicado en El Mundo.
Colección Guerra Civil. 2005.
Por Llum Quiñonero. Por la carretera de Valencia, por la de Ocaña, por la de Murcia, por el camino de Elche, todas las vías que llegaban a Alicante en aquel marzo de 1939 se convirtieron en la única salida para un sinfín de defensores de la República en retirada. A pie, en camiones, en carros, militares y civiles, hombres, mujeres y niños, abatidos todos buscaban el lugar de la esperanza ¿dónde está el puerto? La ciudad hervía en un ir y venir de gentes sin porvenir.
Alicante había sufrido 71 bombardeos desde el golpe militar en julio de 1936; sumaba más de 450 víctimas de las bombas y 790 heridos a lo largo 32 meses de guerra extenuante; un total de 740 edificios habían sido destruidos. Para la población civil, los alimentos eran un bien escaso y la resistencia, una consigna desacreditada: la derrota era gris y la esperanza triste en aquella primavera cargada de los peores augurios para la última ciudad republicana.
A lo largo del mes de marzo, en las calles y cuarteles de Madrid, en el puerto de Cartagena y en las altas esferas políticas y militares, también en Alicante, se habían enfrentado los partidarios de resistir y los de negociar una capitulación; eran los coletazos previos a la derrota inminente frente al fascismo europeo aliado contra la cercada República. Los partidarios de la rendición habían ganado en un intento de evitar más dolor; así lo entendían ellos.
El gobierno de Negrín mantuvo en la finca del Poblet, en Petrer, Alicante, sus últimas reuniones; convertidos los comunistas en sus valedores,