Cuerpos al servicio de la patria, cuerpos recipientes, cuerpos reproductivos: la dictadura creo una amplia red de control de las mujeres: desde la iglesia, al patronato de Protección de la Mujer vinculado al ministerio de Justicia o la Asociacion Española para la Adopcion, vinculada al Tribunal Supremo y al Consejo Superior de Proteccion al Menoros. El cuerpo femenino quedo secuestrado en poder de los varones a través del matrimonio y de toda una red piramidal. Y las mujeres condenadas a vivir para criar hijos como fuerza de trabajo, a través de la redistribución (secuestros y robos de bebes en forma de adopciones irregulares) para llenar los vacíos y necesidades de la clase dominante bajo su propia tutela incorporándolos a sus propias familias. El franquismo definirá a la mujer como un cuerpo reproductor sin derechos. Y a su tarea, el cuidado doméstico de los varones y necesitados de su entorno, el destierro de la vida pública, el destierro del propio cuerpo.
La Transición también pasó por alto los delitos contra las mujeres.
El neocapitalismo al que asistimos nos reconduce por el camino del que venimos de la mano de las propuestas de penalización del derecho al aborto y el traspaso de fondos destinados a centros a la promoción de la maternidad y el retorno de la beneficencia y a la presencia de la iglesia frente a los servicios públicos.
Este trabajo se propone iniciar la investigación para hacer visible la profundidad de los delitos contra las mujeres que avalaron las instituciones franquistas y que entre otras consecuencias produjo cientos de miles de secuestros, de desapariciones que fueron impunes y que hoy mantiene en permanente movilización sorda a miles de afectados y mujeres que fueron madres que se buscan sin apoyo del Estado.
Ocurrió en España, durante décadas, en tiempos de Franco y después de Franco. La dictadura creò una tupida red de instituciones para el control social de las mujeres: para las rebeldes y descarriadas, el encierro; para las madres solteras también el estigma. Carentes de derechos, de garantías, decenas de miles de mujeres, vieron desaparecer a sus recién nacidos en instituciones privadas y públicas de muy diversa índole: cárceles, reformatorios, maternidades de beneficencia y a partir de los años sesenta hasta bien entrados los ochenta, en clínicas publicas y privadas, con el robo de niñ@s a mujeres casadas, de familias trabajadoras, con familias estructuradas, con frecuencia, con otros hij@s.