Aspiremos a la totalidad

Ponencia, Jornadas Mujeres y liderazgo siglo XXI. STES-Intersindical.

Cada mujer tiene ante sí la responsabilidad de desplegar sus alas y volar llevando consigo sus raíces; su ser entero, su mente y su cuerpo que son una misma cosa.
Como decía María Zambrano: debemos aspirar a la totalidad, adentrarnos en la libertad sin aniquilar la vida de las entrañas.
No podremos ser quienes somos si no nos colocarnos al frente de la vida, de nuestra existencia, cada día, en el presente continuo que es la historia, en su devenir. Venciendo cada momento el miedo a equivocarnos, dejándonos sentir lo que somos, aprendiendo de lo que sentimos.

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La memoria como punto de partida

(Disenso, nº 41, octubre de 2003)
En España, quienes perdieron la guerra se vieron condenados al silencio, el exilio, la cárcel y la muerte. Cada una de estas condenas fueron sinónimas en muchos momentos, nos dice la autora de este artículo, que, partiendo de una expresión de Eduardo Galeano, reivindica la voz de la memoria para reconstruir un punto de partida en el que tengamos nuestro propio espacio. Llum Quiñonero es licenciada en Historia y periodista. Entre sus trabajos de recuperación de la memoria olvidada están el documental ‘Mujeres del 36’, producido por TVE y Canal Arte, y la exposición sobre ‘Las mujeres y la guerra’, promovida por el Ayuntamiento de Barcelona.
Dice Eduardo Galeano que la memoria es un punto de partida. Estoy convencida de que es verdad en sentido estricto. No hay modo de avanzar, de abrirse paso en el presente, de crecer, si uno no reconoce el camino que pisa, los materiales de que está hecho ese camino, la tierra sobre la que se ha construido y los nombres de quienes trabajaron en su trazado. Lo que vemos, nuestro presente, sólo es una dimensión, un aspecto parcial de la realidad. Para conocer mejor nuestros afanes, nuestros miedos, nuestros propósitos —los individuales y también los colectivos— hemos de mirar atrás, buscar, leer, preguntar, averiguar de qué modo hemos llegado hasta donde estamos.

HUMANAMENTE HABLANDO. En los últimos años he trabajado cerca de un puñado de ancianas —comunistas, republicanas, anarquistas—, que fueron militantes durante la guerra civil. A través de ellas —que en Barcelona han constituido una organización llamada Dones del 36— y de otras que conocí, rastreando la memoria y la lucha de las mujeres durante la República —entre otras iniciativas para el guión de la película documental Mujeres del 36— he abierto una vía de comunicación con mi propio pasado, anterior a mi nacimiento. El solo hecho de escuchar sus relatos, repletos de esfuerzos y de sufrimiento, me conmovía. El que ellas pusieran palabras a aspectos esenciales de su vida, a sus penas, y las nombraran, suponía una liberación para su dolor, para su entusiasmo frustrado y también para mí misma, para mi necesidad de saber, de escuchar la voz oculta de nuestra historia, de mi historia, más reciente.
Dicen que la historia la escriben los vencedores, y sabemos que es una verdad que se repite en la derrota. Por eso es necesario hilvanar el paso, el aliento, las palabras de quienes fueron obligados a callar con una multitud de armas. Las de matar el cuerpo y también las de matar la memoria. Los vencedores que digan su verdad, intentemos nosotros reconstruir la nuestra. ¿Pero es la nuestra la memoria de la derrota?
Visto con la perspectiva de la historia, de la distancia, no de la política, los vencedores y los vencidos no existen, digan lo que digan las crónicas, los diarios y los libros que hacen apología de los poderosos. Poco antes de morir en el exilio, Antonio Machado escribía: “Para los estrategas, los políticos, los historiadores todo está claro: hemos perdido la guerra. Humanamente hablando no estoy tan seguro, quizá la hemos ganado”.
No está entre nosotros para explicarnos sus palabras, “humanamente hablando”, dice. Ahí reside lo esencial. Humanamente hablando, ese es el lenguaje, el de los hombres y mujeres, el del entusiasmo por mejorar la vida, el deseo de ver crecer en paz a nuestros hijos e hijas, y en paz cederles la memoria. Humanamente hablando. La construcción de la memoria requiere sosiego, tiempo y atención. Pasa por la memoria familiar y pasa por la memoria colectiva, como en un todo hecho de trocitos preciosos, como esas colchas indias enormes cosidas con miles de pedazos de colores.

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