Trini Gallego ha muerto a los 97 años de edad. Cuando terminó la guerra, Trini fue detenida en la portería de su casa y con ella encarcelaron a su madre y a su abuela, de 87 años.
Hace tiempo que quería irse pero aceptó esperar que la energía fuera disipándose de su cuerpo. Amó la vida, amó a su gente, soñó que era posible un mundo en el que la pobreza no fuera una condena para la inmensa mayoría. Se ha ido de su barrio a la Universidad, a la Facultad de Medicina, en Barcelona, porque ha decidido seguir siendo útil también después de muerta. Fue fundadora y presidenta del grupo Mujeres del 36. HA dedicado los últimos años de su vida a narrar los horrores de la dictadura, a difundir el valor de la lucha, de la resistencia, ha defender el sentido profundo de la democracia y de la paz. Cuando la conocí en Barcelona ya era una anciana que acababa de cumplir los ochenta. Sin embargo, fue entonces cuando comenzó su ultima carrera contra reloj y de nuevo, contracorriente: esta vez contra el olvido.