No me pidas que no tenga miedo.
Ni me pidas que confíe cuando cuando la tierra tiembla.
No me pidas que no mire el precipicio.
Ni me pidas que no tema el poder de los que mandan.
No me pidas que afloje frente al odio.
Ni me pidas que mire con desdén los abusos del patrón.
No me pidas que aguante, que calle, que comprenda.
Ni me pidas que espere.
No me pidas que vuelva a sonreir frente al tirano.
Ven, aguanta el miedo de mi mano.
Iremos por donde no nos llaman,
seguiremos el curso del agua que no llega.
Beberemos del sol y de la lluvia,
aprenderemos un nuevo abecedario.
Inventaremos, en fin, la forma de querernos.
He visto al optimismo caminar sobre miedo cada día
y sé que la esperanza duerme
en brazos de la angustia.
Hay mujeres que volvieron sin hijos de sus partos
y sé que sus relatos nunca fueron escuchados.
No estoy sola, grité en medio de un desierto calcinado.
Me conviene no ser lo mismo que mi miedo,
pensé.
Y al ponerme en pie, otros que vagaban,
invisibles como yo,
también se levantaron.
Alicante, 28 de mayo de 2011
(La foto la he tomado prestada del blog de Daniel Seseña Periodismo ficción)
