Salgo de este año desnuda, descalza y de puntillas. Y escucho la voz que me devuelve a lo que soy.
Para Silvia Pérez Cruz
Te vi en mi orilla y el mar de tu voz lo envolvió todo,
pasé la noche entre susurros,
regalada de lágrimas, desarmada de dudas.
Sin saber de dónde a dónde,
sentí desnuda el alma entre tus dedos y comencé a volar.
Mecías el océano atrapado en mis caderas
Tu aire se metió en mi voz y yo también cantaba.
Olvidé el ruido de la guerra,
el reflejo del dinero en la armadura,
el frio, la ausencia y esa añoranza terca que todo lo invadía
tu piel, tu boca, tu voz, tu voz, tu voz,
un barco de vela en travesía
Y comencé a volar.
Y sentí mi pena que bailaba con la tuya,
Y supe que te hacías vieja
y sin miedo
regresabas a tu cuna sabiendo que era yo la que volvía.
Y sentí el destierro de tu luna y acaricié tu soledad que era la mía
Vestida con tu pelo me atravesó la vida.
Gloria dijiste
Y lloramos de nostalgia, de amor y de alegría.
Gloria, gloria, gloria clamó una lluvia de susurros,
tu voz, tu voz, tu voz
viva como el viento, frágil como la espuma.
Te vi en mi orilla y el mar de tu voz lo envolvió todo
rotunda, atravesada de ternura.
Menuda y grande,
tan leve, tan dispuesta al vuelo.
Te vi en mi orilla y el mar de tu voz lo envolvió todo.